Olvídala bien

Olvídala bien

 

Me gustaría saber qué fue de ella, la que me dijo que necesitaba tiempo para sí misma, la que no deseaba tener una relación seria hasta aclarar sus ideas. Recuerdo esa noche perfectamente: los dos tumbados en la cama, ella con sus lágrimas falsas y yo observando el techo.

¿Por qué lo llaman tiempo-para-mí-misma si en realidad quieren decir no-me-atraes-lo-suficiente? No quise discutir, en momentos así sólo hay que escuchar en silencio y aceptar la situación. Sabía que no la vería más, y también sabía que en breve encontraría al hombre por el que sí sentiría algo más fuerte que por mí.

Cuando te abandonan es duro, pero más duro es cuando te parten el corazón con excusas alejadas de la realidad, en esos instantes de sosegada agonía apetece más un cigarro que después de hacer el amor, aunque ni siquiera fumes. Un buen pitillo, aspirando el humo tóxico, el perfecto contexto para asistir a la triste destrucción del romance. Si vas a sufrir, sufre bien.

Le dije que la comprendía, que no había problema, que son cosas que pasan. La acompañé a su casa portando una disposición tan animada como forzada. Sé perder con profesionalidad. Me rocié con perfume antes de salir. Si vas a acompañar a la chica que ha dejado de quererte, acompáñala bien.

En la puerta de su casa me pidió perdón de nuevo, su pelo negro rizado se percibía voluminoso por el viento, sus ojos caoba miraban a cualquier lugar menos a este que escribe. Entendí que no hacía falta decir mucho más. Un abrazo y que te vaya bonito, soy un caballero, no hay rencor.

Me monté en el coche con la firme intención de olvidarla en aquel mismo minuto. Si vas a olvidarla, olvídala bien…aunque yo no supiera hacerlo.

2017-07-20T16:06:43+00:00 8 julio, 2017|Amor, Fidelidad, Ruptura, Sexo, Uncategorized|0 Comments

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