El impulso de mi arrebato

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El impulso de mi arrebato

No creo que puedas comprender el esfuerzo que estoy haciendo para ser sensato, para ser maduro, para ser paciente. El esfuerzo para no escribirte las veinticuatro horas de la jornada, de cualquier jornada, para no tenerte en mi mente los siete días de la semana, de cualquier semana, para no volverme loco por ti, para no vivirte dentro de mí­, para no inventar un futuro juntos, para no presagiar que eres la hembra, mujer, ninfa, mensajera de la noche, sirena de la mañana que siempre he buscado, para no seguir los impulsos de mi arrebato, para no lanzarme al centro y al contorno de tu energía, de tu carne, de tu vigorosa fuerza.

Ojalá pudiera ser un niño y poseer una excusa para desatar todo el empuje romántico que tus ojos, tu pelo, tu dulce violencia en el espacio y el tiempo, tu insolente magia, tus salvajes gritos de delirio en el universo me invitan a expresar.

No quiero ser mayor, no quiero ser responsable, no quiero un amor sin cegadoras explosiones en las venas y en el espíritu, no quiero dejar de soñar nunca…quiero soñar contigo.

No hay nada más significativo que escribirte cuando he bebido, en este mismo momento lo sé, como si lo estuviera soñando, porque el alcohol me invita a decirte lo que no puedo enviarte sin estar embriagado, lo que no puedo expresarte consciente, lo que no puedo comentarte cuando soy cobarde, lo que no quiero afirmarte cuando uso la razón y no el corazón.

Perdona que haya acudido al vino blanco para exponer lo que me quema, para dirigir a tu teléfono mis sentimientos profundos pero escondidos, para ser un Dios en mis emociones románticas, para acercarme a ti esta noche sin pensar en mañana, al despertar, con resaca, probablemente recordando lo que te escribí hoy aunque sin remordimientos y orgulloso, seguro que sí…o no sé…ahora no me importa nada, excepto tu respuesta, la cual llegará en breve, o a lo mejor no, a lo mejor me borras, a lo mejor te ríes, a lo mejor me vuelves a llevar a la realidad cotidiana.

Oye, dime lo que te dé la gana, pero yo te quiero, dime lo que sientas, pero yo te pienso, dime tu conclusión, pero mi conclusión es que te amo…y siempre te amaré, borracho, sobrio, vivo o muerto.

2017-07-20T16:06:43+00:00 2 junio, 2017|Amor, Fidelidad, Ruptura, Sexo, Uncategorized|0 Comments

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